Amancio Ortega es ahora conocido como el segundo hombre más rico del planeta y porque ha transcendido su donación para la compra de equipos médicos destinados a la lucha contra el cáncer. Esto ha suscitado mucho debate y muchas críticas.

Paso a transcribir una reflexión de Alvise Pérez que contiene unos datos muy interesantes:

“Durante unos días se ha hablado mucho (y criticado muchísimo) de él como empresario y como persona. De entre todas esas opiniones he encontrado este análisis que quiero transcribir aquí antes de desarrollar mi artículo sobre Amancio Ortega, emprendedor de éxito:

Primero te llaman ‘avaricioso’ por querer decidir cómo utilizar tu propio dinero. Después llaman ‘justicia social’ a quitártelo por la fuerza. Y cuando no te pueden quitar más, piden que todos seamos forzosamente solidarios.

Pero cuando Amancio Ortega, que tributa casi al 32% de sus ganancias, se le ocurre donar 20 millones a Caritas o 330 millones por toda España para ayudar al tratamiento del cáncer de millones de ciudadanos, la respuesta de esta gente es siempre la misma:

ODIO y DESPRECIO.

Y a Amancio Ortega se le odia no porque sea rico (si fuera por eso toda la paleoizquierda odiaría a sus líderes, pobres enriquecidos con la política a costa de esquilmar a los ciudadanos), sino porque Amancio Ortega es un símbolo brutal del capitalismo.

Ese asqueroso capitalismo asesino y terrorismo financiero que ha obligado este año a más de 900 trabajadores de Galicia en las fábricas de Inditex Careers a aceptar cobrar forzadamente un 14% más de sueldo y firmar inaceptables bonos y beneficios de hasta 450 más, ayudas por hijos, extras escolares, universitarias, etcétera.

Esa asquerosa Inditex que pacta en España subidas salariales cercanas al 15% (5% anual), bonificaciones por turnos de hasta 115 euros mensuales, y complementos del 115% sobre el valor de la hora ordinaria (+75% en extra, +32% en nocturnidad, o +50% en Sábados). Todo ello el mismo año en el que los trabajadores ingresarán el bonus de 560 euros brutos por beneficios en algunos centros logísticos.

Esas asquerosas grandes empresas que duplican la productividad de las Pymes y autónomos y que siendo apenas el 0,6% del total, proporcionan el 15,2% del empleo de este país abonando salarios un 70% superior a las empresas de menos de 10 trabajadores.

Esas asquerosas grandes empresas cuya actuación en Camboya o Bangladés ha reducido la pobreza extrema del 32,8% al 8,8% en el primer caso, y una renta per cápita triplicada en apenas dos décadas (de los 1.091 dólares en 1995, a los 2.944 dólares en 2013) en el segundo; todo ello con un salario mínimo tres veces superior a esa Venezuela destruída por esos principios socialistas que tanto defienden los que ahora critican a Amancio Ortega…

Bendita ironía: Los socialistas cuyos modelos han hecho que Venezuela tenga un SMI de 27 euros al mes (algo menos de 64.000 bolívares), haciendo juicios éticos a quien ha conseguido que los salarios de la industria textil en Bangladesh alcancen los 67 euros.

Esa asquerosa riqueza, en definitiva, odiada por ser ejemplo vivo de cómo ha triunfado y triunfa un capitalismo que enriquece a todos frente a fórmulas caducas que el populismo del odio intenta revivir.

La única pregunta que queda es saber si toda la progresía ‘asqueada’ de los éxitos del capitalismo y bondad humanas es saber si utilizarán la donación de Amancio Ortega si algún día, Dios no lo quiera, sufren cáncer.

Creo que todos sabemos la respuesta.

Gracias Amancio Ortega.”

Está claro que los datos son los que son y las opiniones de cada cual, ahí no me meto, no es el lugar.

Amancio Ortega no nació rico por su casa, este octogenario que sigue trabajando nació en León en 1936, hijo de un ferroviario y ama de casa. En principio no debería haber pasado penurias o penalidades pero cuando tenía 12 años y acompañaba a su madre a la compra escuchó en una tienda de ultramarinos cómo le decían a su madre: “señora Josefa, lo siento pero ya no la podemos fiar más”.

En ese momento Amancio decidió ponerse a trabajar para ayudar en la economía familiar (¿algo que puede ocurrir ahora en otras partes del mundo ocurría en la España de postguerra?)

Así es como comenzó a trabajar como repartidor para la camisería Gala de La Coruña, un comercio de prestigio de la época.

Ese fue su inicio en el mundo textil, a los 12 años como chico de los recados y repartidor del género que compraban las clientas.

No debía ser mal trabajador porque al poco tiempo le ofrecieron, y aceptó, trabajo en la mercería La Maja, otro comercio de renombre en la época. En esa mercería ya trabajaban dos de sus hermanos y también la que sería su primera esposa.

Parece que su primer trabajo le marcó el camino a seguir y perfeccionó conocimientos en el segundo.

Ya casado siguió trabajando en el mundo textil y por las noches se dedicaba a coser batas y albornoces que luego vendería por los comercios de la zona.

Con 27 años decide tomar el camino del emprendimiento “en serio” y funda su primera empresa, donde sigue confeccionando albornoces y batas pero ahora todo el día y con empleados y maquinaria.

Su filosofía empresarial pronto la puede poner en práctica. Antes su mujer y él cosían las batas, otros les traían las telas y unos terceros se encargaban de venderlas. Ahora quiere controlar todo el proceso. Evitar las comisiones de los intermediarios consigue abaratar el producto sin renunciar a la calidad de la prenda.

En diez años su modelo de negocio va viento en popa y decide dar el siguiente paso, en 1975 abre su primera tienda para vender sus propios productos, así prescinde también de la venta a otras tiendas  para que sus artículos lleguen al consumidor final. Él consigue controlar todo el proceso, no tiene intermediarios que se lleven comisiones y consigue así que sus prendas tengan una calidad y un precio muy agradecido por el cliente final.

Diez años más tarde y con tiendas Zara abiertas por toda España comienza su expansión internacional y comienza a funcionar como una multinacional. A pesar de que gran parte de la producción se sigue realizando en Galicia empieza a utilizar fábricas en terceros países para seguir manteniendo unos precios finales ajustados.

A partir de los años 90 comienza a expandirse con la compra de otras firmas textiles y diversificando el negocio a los más diversos ámbitos lo que le permite moverse en diferentes países con diferentes momentos económicos. Cuando en un país hay recesión en otro están creciendo, así compensa la bajada de ingresos de unos con la subida en otros.

 

En 2001 crea su fundación, que también le sirve para desgravarse impuestos en España, y que dedica a asistencia social y educación principalmente. Sus donaciones son múltiples y su funcionamiento discreto pero por la cuantía de la actual donación ha saltado a la palestra mediática. Y es que 320 millones de euros son muchos millones y todos los españoles lo vamos a notar de una u otra forma.

Lo que está claro es que como ser humano que es no puede ser perfecto. Que tenga detractores significa que realiza una actividad, que no está quieto a la “sopa boba” y eso genera envidias sanas e insanas.

Quisiera con este artículo que te des cuenta de cómo se forma una persona, no se hace millonario de un día para otro. Una visión global de una industria concreta; trabajar desde los 12 años; arriesgarse económicamente… Son muchos factores los que confluyen hasta el Amancio Ortega que en marzo de 2017 ha donado a todos los españoles un futuro un poco más alejado del cáncer.

Y eso siempre es de agradecer, le moleste a quien le moleste.

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