Desde hace algunos años estoy intentando ayudar a emprendedores a montar negocios que no requieran demasiada (o ninguna) inversión inicial, así como “educarlos” en el correcto uso de las redes sociales para que su negocio sea más y mejor conocido.

A las pruebas me remito. Pero de un tiempo a esta parte estoy viendo mucha gente haciendo algo más o menos parecido a lo mío. Unos vienen del mundo de la gestión empresarial y se meten en el Social Media y otros vienen del Social Media y se meten en gestión empresarial o ideas de negocio.

Y eso está bien, en serio. Cuanta más información exista mejor informado podrá estar el emprendedor para emprender con cierto éxito.

Lo que me llama la atención es lo que están empezando a publicar algunas personas sobre la burbuja del emprendimiento. Y llevan toda la razón del mundo. Comienza  existir más personas viviendo del emprendimiento que emprendedores en sí.

Y eso es muy peligroso porque, como todas las burbujas terminará por estallar y tendremos el lío asegurado.

Emprendimiento, la cara oculta.

Buceando un poco por ahí descubre uno unos datos que dan que pensar.

Datos estadísticos como que el 80% de las startups fracasan en el primer año de vida; o que el 30% de los autónomos cierran antes de llegar al año de vida; o que el 90% de los que quedan no llegan a su segundo aniversario… Da que pensar.

Y estos datos son desconocidos por ese 26.8% de universitarios que dicen querer ser emprendedores cuando terminen sus estudios (como si la licenciatura en cualquier cosa fuese razón para emprender o no. Los tres hombres más ricos del planeta no tienen ninguna licenciatura universitaria en su curriculum) Antes nuestros universitarios querían ser funcionarios; ahora sólo el 25%. Ganan los emprendedores.

Emprender es muy bonito pero no todo el mundo sirve para eso. Por eso quiero en este artículo dejar unas razones para que no comencéis una aventura que puede arruinaros la vida con todos vuestros bienes, presentes y futuros, y que puede condicionar vuestra calidad de vida posterior al fracaso.

Fracasar en el emprendimiento

Los motoristas tienen un dicho: “sólo hay dos clases de motoristas: los que se han caído y los que se van a caer”.

Con el emprendimiento pasa poco más o menos lo mismo. Y a la hora de fracasar no me refiero a perder hasta la camisa, vivir debajo de un puente y tener que pedir limosna por las calles (que también) Fracasar puede ser también que tu idea no termine de funcionar, te genere el suficiente dinero para malvivir de susto en susto con el miedo a que un impagado más y terminen de tumbarte. Esa vida de incertidumbre, zozobra, cabreo y frustración no se la deseo ni a mi peor enemigo.

Así que aquí van mis 9 razones para no ser emprendedor, al terminar el artículo os daré también un consejo.

1.- Horarios

Emprender no conoce de horarios. Dicen las estadísticas que los emprendedores trabajamos una media de 45,10 horas semanales (jajajaja, me río yo de esas estadísticas. Yo soy más de la famosa “media jornada” del famoso personaje de televisión Antonio Recio).

Leí un artículo una vez donde se decía que los más ricos del planeta tenían dos cosas en común: tenían mucho dinero en sus cuentas corrientes y se suelen levantar a las cinco de la mañana. Teniendo en cuenta que Bill Gates no es panadero o que Amancio Ortega no hace el reparto es un dato curioso a tener muy en cuenta.

Algo tendrá esa hora cuando los dos hombres más ricos del planeta tienen puesto el despertador a las 5 de la mañana.

Emprender es un no parar. Sabes cuándo empiezas pero no cuando acabas. Si querías emprender porque en tu trabajo no tenías días libres, fines de semana, puentes, vacaciones de verano, de navidad, de semana santa… Oposita, saca una plaza de funcionario y listo (siempre que no te hagas policía, médico, enfermero, celador, juez…)

2.- Tiempo libre

El que es emprendedor es emprendedor a jornada completa, las 24 horas del día, los 7 días de la semana y los 12 meses del año.

Si consigues superar todas las estadísticas y llegar al tercer año y, además, con beneficios suficientes, podrás empezar a pensar en tomarte vacaciones (entre otras muchas cosas porque te las podrás pagar)

Mientras tanto no podrás dejar los problemas de tu empresa para dentro de quince días porque te vas de vacaciones. Los problemas hay que solucionarlos y como emprendedor te toca a ti buscar la solución y ponerla en práctica. Y cuando ya lo tengas solucionado vendrá otro todavía más gordo al que tendrás que hacer frente.

Lo de conciliar vida laboral y familiar queda muy bonito para dar charlas y hacer debates en la tele pero siempre habrá alguien de tu competencia directa que no tenga familia y que pueda dedicarle más tiempo a su negocio que tú al tuyo. Tu familia o lo asume o te quedas sin ella porque serán ellos los que pierdan la fe en ti o la paciencia en tu negocio.

3.- Carga de trabajo

Lo ideal sería emprender con suficientes riñones económicos para contratar al personal o a las empresas necesarias para que se ocupen de cada área o parcela de tu negocio. Y así tú te quedas en labores de coordinación, motivación y relaciones públicas.

Pero ahora bajemos de las nubes.

Al emprender necesitarás llevar tú la mayoría, si no todos, los aspectos de tu negocio. La parte más técnica o complicada por especialización deberás ponerlas en manos de profesionales pero para eso habrás necesitado tener los recursos económicos suficientes para poder hacerlo.

Te tocará hacer de todo y en todo momento. Cuando tengas una visita concertada tendrás que atender otros asuntos y como serás tu propia secretaria deberás planificar muy bien tu agenda para poder llegar a todo lo que se debe hacer en el día a día.

4.- Incertidumbre

Puedes tener la mejor idea del mundo mundial. Puedes tener los conocimientos y los contactos necesarios perfectos para llevar tu idea a la realidad. Puedes disponer de los recursos económicos necesarios para poner tu negocio en marcha… Y nadie ni nada te puede asegurar que esa idea una vez puesta en marcha llegue a tener éxito.

Todos tendemos a fijarnos en los éxitos y motivarnos así para nuestro proyecto pero esos éxitos son la excepción que confirma la regla.

Por poner un ejemplo. Con el inicio de la era de  los automóviles, en España se creó  la Hispano-Suiza, unos fabricantes de coches que competían de tú a tú con los Rolls-Royce y a decir de los expertos los Hispano-Suiza eran mejores coches tanto en mecánica como en acabados. ¿Dónde están los Hispano-Suiza ahora y dónde está Rolls-Royce ahora? Ser bueno o incluso ser los mejores en algo no implica garantía de éxito. En ningún caso.

5.- Errores

Si eres un ser humano te equivocarás seguro. Si eres emprendedor, más todavía. Errores de cálculo; a la hora de calcular los costes, a la hora de calcular el tiempo de retorno de la inversión, a la hora de confiar en colaboradores, amigos, familiares, instituciones…

Si tu idea de negocio está cogida con pinzas el más mínimo error de cualquier tipo de cálculo hará que todo tu proyecto fracase, aunque parezca que estás a punto de conseguirlo.  Si un banco te cierra el grifo, si una subvención concedida no llega, si un cliente no termina de pagarte, o de contratar tus servicios, impuestos que no sabías ni que existían, proveedores que te cambian las tarifas sin previo aviso… No se trata de que cometas tú esos errores pero otros te pueden ayudar a equivocarte, seguro.

6.- España no es país para emprendedores

Aunque mi amigo Google me cuenta que muchos de mis lectores vienen de América (Estados Unidos y México principalmente) todavía el grueso de lecturas se produce desde España. Y sí, queridos lectores, España no es país para emprendedores.

Ya sea por trabas burocráticas, tasas, permisos, licencias… No hay partido político que se tome en serio lo del emprendimiento por mucho que nos intenten engañar para maquillar momentáneamente las listas del paro.

La famosa tarifa plana para los autónomos que en muy poco ayuda porque al poco tiempo estás pagando una salvajada de cuotas, tengas beneficios o no , tengas ingresos o no. Porque las licencias municipales para abrir un establecimiento se pueden eternizar porque los políticos locales sólo las conceden cuando el pleno municipal toca en año bisiesto con la luna en menguante.

Todo esto hace que en España se tarde más de un mes, y cientos de papeles después, en crear una empresa (que no es lo mismo que la empresa empiece a funcionar y a generar ingresos con los que pagar tasas, impuestos y demás) No recuerdo qué país europeo se hacía todo esto en el momento y prefiero no investigar ahora el dato para no tener ideas.

Además del capital necesario para constituir y montar la empresa. Siendo autónomo eso da casi igual, como deberás afrontar todo lo que te venga con todos tus bienes, presentes y futuros… Pero para las sociedades hace falta más dinero en España que en cualquier otro país de su entorno.

Y a todo esto se le añade que si fracasas, que fracasarás, quedarás con las deudas de por vida y se te hará muy difícil poder asumirlas porque será casi imposible que vuelvas a tener dinero en tus manos. Si te quedas con deudas de empresario olvídate cubrirlas con el sueldo de un trabajador. Y como te cierran el grifo de subvenciones y créditos olvídate de volver a intentar otra aventura empresarial.

 

7.- Vender

 

Una conocida marca de coches nos suele preguntar si nos gusta conducir. A un emprendedor habría que preguntarle si le gusta vender.

Emprender es vender, da igual a lo que te dediques, ya sea vender zapatos, aviones, cirugía estética o asesoramiento legal. Todos los emprendedores deben, por una parte vender su idea de negocio a posibles inversores, socios, bancos… para conseguir apoyo financiero (presente o futuro) y; por otra parte, deben vender su producto o servicio a su consumidor final, a sus clientes.

Si en esto de la venta estás mal, mal comenzará la cosa y mal caminará.

La venta es un arte que muy pocas personas dominan y tú, como emprendedor, no tienes por qué ser uno de ellos.  Conseguir cerrar un trato es lo más frustrante que pueda hacer un emprendedor porque puedes tener el mejor producto, al mejor precio, en las mejores condiciones pero no cerrar el acuerdo, no cerrar la venta, no cerrar la financiación por motivos que se escapan a tus capacidades, a tus posibilidades (cuando empezó la crisis y los bancos cerraron el grifo a todo el mundo daba igual que tu idea o producto fuese el mejor, no te daban ni los buenos días)

8.- Tolerar la frustración

Ningún negocio, repito, ningún negocio, termina siendo lo que en un principio se soñó que fuera.

Cientos son las variables que hacen que la idea deba cambiar, modificarse. Falta de fondos para hacerlo todo bonito; falta de espacio, falta de especialistas, falta de tiempo para aguantar al ritmo pensado.

Un emprendedor que no tenga tolerancia a la frustración de ver como su idea inicial se va trastocando, se va pervirtiendo, se va modificando…, o se va parando por falta de permisos, vistos buenos, visitas de inspectores… mal terminará. Una idea de negocio es una cosa, el negocio puesto en marcha es otro. Ya sea grande o pequeño todo negocio termina por no salir como se tenía planeado. Si eres de esas personas que no se lleva bien con los cambios, los problemas y las modificaciones de lo planificado con tanto esfuerzo, dedicación e ilusión…

9.- Números

Todo emprendedor debe saber sumar, restar, multiplicar y dividir. Sacar el % también ayuda lo suyo.

Aunque no se trata de ser un experto economista ni ser un gran asesor financiero todo emprendedor debe tener claro que los números dominarán su existencia  desde el mismo momento en que tiene la idea. Cierto es que si no necesitas contratar una gestoría para que te lleve “los papeles” eso que te ahorras pero hay que tener muy claro de cuánto dinero se dispone, de cuánto tiempo puedes aguantar con lo que tienes ahora, qué necesitas conseguir (de una manera o de otra)

Si eres de letras puras estar todo el día con la calculadora para ver lo que tienes, lo que te falta, lo que necesitarías conseguir… Al final son horas y más horas de papeles llenos de números, cuentas, previsiones, provisiones… Y para eso te tienen que gustar los números porque serán muchos días dedicados a esa tarea. Y dedicar muchos días a una cosa que no te gusta…

Un consejo

Emprender tiene muchísimas cosas malas que no tienen trabajos por cuenta ajena, ya sea en la empresa privada, en la pública o como funcionario. Es una decisión de la que depende el bienestar de toda tu familia desde el mismo momento en que decides emprender y las estadísticas dicen que lo más seguro es que fracases en ese intento.

Yo no digo que no lo intentes, al contrario. Lo que sí quiero es hacerte pensar muy mucho en todo lo negativo que sí tiene emprender, porque ahora que se ha puesto de moda esta idea romántica del emprendimiento muchos lo veis de color de rosa y luego os viene el marrón.

Que no sea yo el que os animó a meter la cabeza en un charco para que luego te des cuenta de que no puedes respirar, ni tú ni los tuyos.

Emprender es algo muy arriesgado y muy serio, sopesa todos los pros y contras; intenta construirte de alguna forma un “colchón” por si las moscas; investiga, estudia, aprende… y si después de eso sigues con tu idea… a muerte con ella.

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